Si Ud. quiere gobernar o dirigir una entidad, debe entrenarse

Ignacio de Loyola, deja en su vida, sus escritos, los Exercicios y en las Constituciones un material completo de cómo prepararse para liderar y dirigir una nueva organización cuya solidez y futuro se apoya en personas formadas, capacitadas, comprometidas y cohesionadas en una misión.

Estos materiales revelan la maestría de Ignacio tanto en hacerse un líder como en empeñarse en ser impulsor de líderes mediante la potenciación de las mejores cualidades y capacidades de sus colaboradores y la reflexión reconstructiva sobre la propia experiencia de su mundo interior y con el mundo exterior en su vida cotidiana. Gobernar, dirigir, liderar, organizar, son experiencias de interacción entre personas, bien sea bilaterales o en grupo.

Con estas experiencias una vez analizados sus resultados y sus correspondientes rectificaciones, se va construyendo la relación social, laboral o la convivencia que se configuran en una organización. Los resultados de estas interrelaciones determinan el reconocimiento o rechazo del gobierno y del gobernante. Estas relaciones pueden ser participativas por interacción creativa entre las partes o impositivas por dominio anulador de una o varias partes sobre las otras.

Toda buena gobernanza discrimina unas prácticas de otras y las contrasta. Evalúa el resultado de la experimentación precedente y experimenta nuevas fórmulas que incorporan lo útil observado en la evaluación. Cuando se prepara a un dirigente futuro, es necesario centrarse en potenciar y activar las cualidades personales en dos vertientes, la consolidación y ajuste interior y la dimensión social.

Como ni siquiera en las Escuelas de Negocios forman líderes gobernantes sino dirigentes administradores y gestores, es necesario recurrir a métodos que desarrollen en las personas su capacidad de reflexionar sobre sus hechos y decisiones, sobre los condicionamientos de sus sentimientos y emociones y aprender a sacar conclusiones aplicables de estas experiencias.

Es raro que los partidos políticos y las propias empresas programen la formación de futuros gobernantes o dirigentes. El error grave es dejarse llevar por la desconfianza y prevención en los formados y capacitados por parte de los responsables del partido o de la propia empresa. Lo habitual es que el líder empresarial o político se forme en soledad o con limitado asesoramiento aprendiendo por sí y sobre sí mismo.

Todo lo contrario de la distintiva recomendación ignaciana, de priorizar, para admitir en la organización a “personas escogidas en espíritu y doctrina y muy a la larga ejercitadas y conocidas en varias pruebas de virtud y abnegación de sí mismos…porque de esta manera no se disminuya ni se debilite el espíritu (de la organización)”9. Ese material humano vivirá una larga formación. Hay que remitirse a los resultados históricos de la Compañía.

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